miércoles, 3 de diciembre de 2014

NIKOLA TESLA


Fue un inventor, ingeniero mecánico, ingeniero electricista y físico de origen serbio y el promotor más importante del nacimiento de la electricidad comercial. Se le conoce, sobre todo, por sus numerosas y revolucionarias invenciones en el campo del electromagnetismo, desarrolladas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Las patentes de Tesla y su trabajo teórico formaron las bases de los sistemas modernos de potencia eléctrica por corriente alterna (CA), incluyendo el sistema polifásico de distribución eléctrica y el motor de corriente alterna, que tanto contribuyeron al nacimiento de la Segunda Revolución Industrial.


Sus mejores inventos son los siguientes:

La corriente alterna

Es cierto, no se puede decir que eso sea un invento, sino más bien un descubrimiento, pero los instrumentos y tecnología necesarios para crear y manipular la corriente alterna sí que fueron invención mía. Ahora observo con orgullo que la Humanidad ha adoptado mi sistema, en lugar de la corriente continua de Edison.


La torre Wardenclyffe

Sin embargo, su bobina era mucho más que un simple generador de rayos para espectáculos nocturnos. Su bobina era, nada menos, que el pilar sobre el que pretendía sustentar el desarrollo de una de sus ideas más grandiosas: la transmisión de la electricidad sin hilos, que habría permitido a toda la Humanidad disfrutar de los beneficios de la energía sin coste alguno.



El motor polifásico de inducción

La bobina de Tesla es espectacular, no cabe duda, pero desde el punto de vista práctico, tal vez mi invento más logrado relacionado con la corriente alterna sea el motor de inducción. La idea, como suele suceder con los mejores inventos, es muy simple: el motor tiene una parte fija, el estator, que está formada por varios módulos o polos dispuestos en círculo.



El recogedor que no deja raya

Sin embargo, a pesar de la evidente utilidad de todas las invenciones que he descrito hasta ahora, tal vez la innovación tecnológica que mejor podría haber acogido el gran público fuera una que pergeñé ya en el ocaso de mi vida: el recogedor que no deja raya.


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